Después de que en Roland Garros se viera el Grand Slam más loco en muchos años, llega Wimbledon desde mañana para tratar de restablecer el orden. Porque la hierba de Londres no hace concesiones y no suele dejar espacio a las sorpresas, al menos en este siglo y en el cuadro masculino. Jannik Sinner, que defiende título, parte de nuevo como principal favorito, aunque fue en Londres donde ganó su último grande. Por otro lado, la ausencia de Carlos Alcaraz por su complicada lesión en la muñeca abre de nuevo otra oportunidad para Novak Djokovic. Las prematuras eliminaciones de ambos en París dejaron dudas sobre su condición física y, de hecho, no han competido desde entonces. Ahora podrían verse las caras en semifinales,

El italiano se sometió a varios análisis que no revelaron ninguna anomalía importante antes de una semana en la que, de nuevo, se anuncia mucho calor, lo que puede afectar al comportamiento de la hierba. “Hemos hecho entrenamientos más largos y sin pausas. Tengo que entrenar en condiciones de calor”, explica Sinner como fórmula para aguantar los partidos que se van por encima de las cuatro horas y llegar “en las mejores condiciones a Londres. Creo que estoy preparado”.

Djokovic asegura que llega “mejor preparado que a Roland Garros” para una nueva oportunidad de hacer historia en el tenis

El serbio, por su parte, se retiró de la última exhibición en suelo británico, pero ya ha advertido de que llega “mejor preparado aquí que a Roland Garros”. Djokovic no ceja en su empeño de lograr su vigésimoquinto Grand Slam, que sería el octavo Wimbledon para igualar a Roger Federer. Su resistencia en la cima, no en vano es tercer cabeza de serie en el torneo, resulta un ejemplo antes de una cita que abre un hueco a la nostalgia con el regreso a la actividad de Serena Williams, a los 44 años y ya madre de dos hijos. “Le dije que, pase lo que pase, lo que está haciendo es realmente inspirador para mí personalmente y estoy seguro de que también para millones de personas en todo el mundo. Se merece cada aplauso que va a recibir”, comentó Djokovic sobre una jugadora con la que ha compartido victoria en numerosos torneos y que, según ella, vuelve por “el simple placer de jugar”. “La he visto en el gimnasio más tiempo de lo que la veía cuando estaba en su plenitud”, bromeó el serbio.

Serena, que juega con una invitación, debutará contra la australiana Maya Joint, 22 años más joven, y habrá que ver qué efecto ejerce su presencia en el All England Club entre rivales que le han tenido como ídola y referencia durante muchos años, La estadounidense, por ejemplo, podría medirse en tercera ronda a Iga Swiatek, la última campeona que no atraviesa su mejor momento de juego y cayó hace poco de forma temprana en el torneo de Bad Homburg.

El reto de la confirmación

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Con todo, este Wimbledon también supone un reto para Alexander Zverev y Mirra Andreeva, los campeones de Roland Garros que tienen que demostrar que esos éxitos no fueron flor de un día. El alemán se sacó mucha presión porque ya tiene un Grand Slam, aunque por su lado del cuadro tiene dos duros oponentes en esta superficie como Ben Shelton y Taylor Fritz. La joven rusa, por su parte, también explotó en París y ahora confirmarlo en un tormeo en el que ninguna tenista repite título desde que lo consiguió, precisamente, Serena Williams en 2016. Las urgencias están de lado de Aryna Sabalenka, que aún no ha estrenado su cuenta de grandes este año y podria perder el número 1 del mundo.

El Grand Slam londinense ha concedido invitaciones a otros veteranos como Stan Wawrinka, en su última presencia, y Grigor Dimitrov y espera la respuesta también de varios de los jóvenes que destacaron en Roland Garros como Flavio Cobolli, Jakub Mensik, Joao Fonseca o Rafa Jódar. El madrileño no ha competido en estas semanas y pasa una reválida en un torneo en el que juega por primera vez. De esa misma forma debe afrontarlo el malagueño Alejandro Davidovich, campeón junior en 2017 y que ayer logró, tras cinco finales perdidas, su primer título en el circuito en el ATP 250 de Mallorca para sacarse de encima en un momento oportuno la etiqueta de eterno segundón.