He escrito decenas de veces sobre los GAL. La entrada en la cárcel de Vera y Barrionuevo me pilló en mis inicios periodísticos, pero los tentáculos de la guerra sucia protagonizaron mucho tiempo después parte del debate y la vida del Parlamento Vasco. En una inadmisible mala praxis de esta nuestra profesión -que nos obliga a conocer los orígenes de las noticias- confieso que jamás me pregunté por el inicio de todo, por cómo se supo quién estaba detrás del terrorismo de Estado. Ni quién fue el artífice. La semana pasada falleció Ricardo Arques, el periodista de DEIA que destapó en 1983 los GAL. Tenía 26 años pero contaba ya entonces con el arrojo de quien hace grande la profesión del periodismo. Un día recibió una llamada de un confidente al que bautizó como garganta profunda y eso sirvió para que se pudiera poner en marcha la investigación que destapó los GAL. Mucho tiempo después se concluyó que el Gobierno español que presidía Felipe González financió con fondos reservados los GAL para pagar a ETA con su misma moneda: asesinatos y violencia. El miedo a la dimensión de la noticia, y pese a contar con el apoyo de compañeros como Andoni Ortuzar y Juan Carlos Urrutxurtu, hizo que el periodista de DEIA tuviera que continuar sus investigaciones en Diario 16. Estamos en deuda con Ricardo Arques. Su valentía logró desenmarañar uno de los capítulos más oscuros de nuestra democracia. Sea pues esta columna un ejercicio de memoria para no olvidar su trabajo y legado. “La noticia es más importante que el periodista que la da”, dijo Arques en un reportaje que hizo DEIA en 2008 para conmemorar el 25 aniversario de los GAL. Si en el momento es así, la Historia cambia las tornas y engrandece a quien arriesgó su propia vida por la información veraz. Gracias Ricardo Arques. Goian Bego eta Ohore.